Si una separación es inevitable, debe prepararse para superar el dolor que acarrea un rompimiento
Sensación de fracaso, desolación y tristeza son algunas de las emociones inevitables que puede sentir luego de una ruptura amorosa. Para el psicólogo, Roberto Martínez no es una situación que se concrete fácilmente, siempre hay un desgarramiento.
Pocas veces el rompimiento puede ser previsible. Aunque, hay casos en que una pareja se deshace, casi de un día para el otro, sin que uno de los miembros ni siquiera hubiera sospechado tal desenlace. En otros, la separación se planifica de común acuerdo. Aunque pueda que uno sufra más, advierte que siempre habrá en ambos la sensación de vacío.
A su juicio, el final de la relación puede desembocar en una vivencia de desamor o shock sentimental. Explica que -por muy doloroso que sea lo que se sufre- es un fenómeno normal con una evolución y unas fases. Es un período denominado de "duelo", en el cual se tiene que adaptar a vivir y a ser feliz sin la persona deseada.
Rupturas
Para los expertos, cuando en una pareja la satisfacción de las necesidades mutuas fracasa y no proporciona suficiente felicidad o seguridad, aparecen el malestar, la ansiedad, la depresión y por tanto es posible la ruptura. En este sentido, las causas pueden ser muy variadas, desde el simple aburrimiento, cansancio y desamor, hasta el engaño por la aparición de otra persona.
Según Martínez posterior al rompimiento, el individuo pasa por un proceso que, por lo general es de larga duración; en el cual pueden identificarse cuatro fases. Señala que, al principio, se dan los lamentos y las quejas, sin exteriorizarlas. Estas emociones se acumulan, hasta llegar a un punto en que se produce una comunicación indirecta o "hablarle a la pared" (como sí le hablara a un tercero). Es en este momento cuando la persona busca alguna justificación para sí mismo, más que para cualquier acción real.
Luego -prosigue- hay una fase donde los resentimientos son más evidentes en el exterior. Es probable que la pareja esté en desacuerdo acerca de la atribución de responsabilidades en cuanto a los problemas; también es probable que lo que se meditó en la primera fase provoque en el otro compañero dolor y tristeza. Ambos experimentarán dolor y angustia, lo que explicará la renuncia, confusión, fluctuación y falta de propósitos dentro de esa fase.
Posteriormente, la persona entra en una etapa social que implica el apoyo de familiares y amigos, como una manera de justificar el abandono de la relación. "Sucede que la presencia de los otros ayuda a confirmar el rompimiento. Cada sujeto crea historias públicamente negociables para salvar su imagen y depositar en el otro la culpa. Las redes sociales de apoyo cumplen un papel importante en la convalecencia después del rompimiento ya que proporcionan apoyo emocional", indica.
Finalmente, la última fase denominada: "arreglar la tumba", (aunque suena patético) implica "erigir una lápida" que proporciona una información verosímil, socialmente aceptable, de la vida y de la muerte de la relación. En esta etapa, se crea una versión propia de la historia del rompimiento y se la distribuye públicamente. Esto ayuda a proteger la propia imagen pero también sirve para mantener vivos ciertos recuerdos y para "justificar" el compromiso original hacia la ex pareja.
Recomienda Martínez no plantearse demasiadas expectativas en relación a la pareja, puesto que se arriesga a salir defraudado.